Probablemente todos hemos pasado alguna vez por un estado en el que sentimos que algo nos sucede, pero no conseguimos comprender sus causas. Podemos describirlo de distintas maneras: “Siento ansiedad”, “Estoy enfadado”, “Me siento mal”, pero es evidente que las cosas no siempre son tan sencillas. Detrás de esas palabras pueden esconderse miedo, resentimiento, irritación o confusión; a veces varios sentimientos diferentes o incluso todos a la vez, y no es fácil orientarse en esa mezcla. A veces resulta mucho más sencillo no intentar describir lo que sentimos, sino tratar de representarlo. Puede ser un ovillo de líneas entrelazadas, una mancha oscura, una figura extraña o una combinación de varios colores que, por alguna razón, sentimos ganas de utilizar juntos. No es necesario dibujar bien: lo importante no es el resultado, sino la posibilidad de expresar aquello para lo que no encontramos palabras. En esta sencilla idea se basa una de las vertientes de la arteterapia: el trabajo a través del dibujo...


Imagine que dos personas pronuncian la misma frase: «Me alegra verte». Una lo dice con una sonrisa, mira directamente a los ojos y transmite sinceridad. La otra pronuncia exactamente las mismas palabras con un tono seco, apenas levantando la vista del teléfono. Formalmente, ambas han dicho lo mismo, pero a una resulta fácil creerle, mientras que la sinceridad de la otra puede generar ciertas dudas. ¿Por qué ocurre esto? Porque durante una conversación percibimos mucho más que el significado de las palabras. Nos fijamos en la entonación y la expresión facial, observamos la mirada, los gestos, la postura y los movimientos, e incluso tenemos en cuenta la distancia que alguien intenta mantener con su interlocutor. A todas estas señales se las suele denominar comunicación no verbal. ¿Podemos realmente saber por el comportamiento de una persona qué piensa y qué siente?...
La programación neurolingüística, o PNL, es uno de los enfoques relacionados con la psicología más conocidos y, al mismo tiempo, más controvertidos. El término resulta familiar incluso para muchas personas que apenas tienen relación con la psicología. Algunos lo han encontrado en libros de desarrollo personal, otros en cursos de negociación y ventas, y otros en relatos sobre una supuesta «influencia oculta» sobre los demás. En unas pocas décadas, la PNL pasó de ser una idea poco común desarrollada por un pequeño grupo de investigadores a convertirse en toda una industria de libros, cursos y seminarios. Aun así, sigue generando opiniones muy distintas: algunos la consideran un conjunto útil de herramientas prácticas, mientras que otros mantienen una postura muy escéptica. Para entender por qué la PNL llegó a ser tan popular y por qué provoca tantas discusiones, conviene empezar por su origen y por lo que sus creadores intentaban ofrecer...
El tema de la migración es hoy extremadamente relevante en muchos países del mundo. Algunas personas destacan sus beneficios: los recién llegados ayudan a cubrir la falta de personal, estudian, trabajan y pagan impuestos. Otras, en cambio, sienten irritación o inquietud: «son demasiados», «están cambiando nuestra cultura», «ya no se puede encontrar un trabajo decente». Probablemente cada uno tenga razón a su manera. Pero ¿por qué un mismo fenómeno provoca reacciones tan diferentes? Si profundizamos, se hace evidente que la cuestión no depende solo —y a menudo ni siquiera principalmente— de los propios migrantes. Aquí entran en juego mecanismos psicológicos básicos que durante siglos nos ayudaron a sobrevivir. En este artículo no hablaremos de política, sino de psicología: de dónde surge la sensación de que alguien es «de fuera», por qué es tan persistente y qué podemos hacer al respecto...
A menudo decimos «soy de letras» o «soy de ciencias» con la misma facilidad con la que decimos «soy madrugador» o «soy introvertido». Son expresiones muy familiares para muchos de nosotros y nos ayudan a comprender mejor las distintas costumbres de las personas y las diferentes formas en que se manifiesta su carácter. Pero ¿qué ocurre si nos detenemos un momento y profundizamos en esta explicación tan habitual? ¿Qué se esconde realmente detrás? ¿Por qué no me gustan los números, por qué no quiero comprender mejor a las personas, por qué en algunas situaciones no intento hacer algo nuevo y prefiero actuar dentro de esquemas conocidos? ¿Por qué no probamos lo desconocido, no abrimos nuevas posibilidades ni nos damos otra oportunidad? Sería interesante averiguar si de verdad se trata de algún «tipo de mente» determinado o si estamos ante algo completamente distinto...
Probablemente muchos recuerden esa extraña sensación de la infancia: el día acaba de empezar y ya han ocurrido tantas cosas que, al llegar la noche, parece que no hayan pasado unas horas, sino toda una pequeña vida. Las vacaciones de verano podían sentirse casi como una época aparte. En ellas cabían amigos, patios, viajes, aburrimiento, descubrimientos y todas esas pequeñas alegrías y dramas que a un adulto no siempre le resulta fácil comprender. Pero con la edad esa sensación va cambiando poco a poco. Empieza una semana cualquiera, los días pasan uno tras otro y de repente ya es viernes. El fin de semana termina antes de haber empezado de verdad. El mes acaba de comenzar y ya ha volado. Vivimos, trabajamos, nos vemos con otros y, de pronto, descubrimos que la vida ya ha pasado de la mitad. Por supuesto, el curso del tiempo no cambia. Pero nuestra sensación interna del tiempo es claramente más compleja que un calendario corriente. A veces el tiempo se arrastra, a veces se comprime y a veces parece desaparecer por completo. ¿Por qué ocurre? Intentemos comprenderlo juntos...
Todos conocemos bien la palabra «entrevista». Parece algo muy sencillo: una persona pregunta y la otra responde. Pero en la práctica, bajo esta palabra se esconden formas de comunicación muy diferentes tanto por su significado como por su estructura. A veces se trata de una conversación libre cuyo objetivo es simplemente escuchar la historia del interlocutor. A veces es un procedimiento estricto con formulaciones previamente establecidas, en el que cualquier desviación del guion se considera una infracción de las normas aceptadas. Y a veces es una conversación capaz de influir profundamente en nosotros y cambiar nuestra manera de comprender lo que está ocurriendo. Estamos acostumbrados a pensar en una entrevista próxima como en un procedimiento estándar y previsible. Nos han invitado «a una entrevista», así que habrá preguntas a las que tendremos que responder. Pero esas preguntas pueden formularse con objetivos muy distintos. Para no confundirnos, conviene entender qué tipos de entrevistas existen, en qué se diferencian y por qué han surgido tantos formatos distintos...
Imagine una situación completamente cotidiana. Tiene prisa, casi no queda tiempo y de repente se da cuenta de que no encuentra algo que necesita: las llaves, un documento, las gafas, una memoria USB, cualquier cosa. Está seguro de saber dónde lo dejó y, naturalmente, empieza a buscar justo allí. Abre el armario, revisa los estantes, mueve cosas y mira más al fondo. Con cada minuto aumenta la irritación. «No puede ser, ¡si recuerdo perfectamente haberlo dejado aquí!» Vuelve a mirar alrededor con atención. El armario está casi patas arriba, los pensamientos empiezan a acelerarse y el tiempo apremia. Entonces alguien que está cerca dice tranquilamente: «Pero si está ahí». Mira — y resulta que el objeto estuvo todo el tiempo justo delante de sus ojos, en el lugar más visible. Surge la sorpresa: «¿Cómo pude pasarlo por alto?» En realidad, todo es mucho más interesante. El problema no es que busquemos mal...