¿Alguna vez se ha preguntado por qué a algunas personas aprender les resulta fácil y a usted le cuesta? Hay quienes parecen captar todo lo nuevo al instante, comprender rápidamente y recordar lo que el profesor acaba de explicar. Otros se esfuerzan igual, leen mucho, repiten el material y vuelven una y otra vez al mismo tema, pero sienten como si el cerebro estuviera frenando constantemente. Entonces puede aparecer una explicación desagradable: «Quizá simplemente no soy lo bastante listo». En la inmensa mayoría de los casos, esta explicación es completamente errónea. Aprender es un proceso extremadamente complejo en el que intervienen la fisiología del cerebro, la psicología, toda nuestra experiencia previa y nuestro estado actual. En este artículo intentaremos comprender por qué las personas aprenden de maneras tan distintas, qué papel desempeña el cerebro, qué pertenece al ámbito de la psicología y qué depende de las circunstancias externas...

A veces puede parecer que todos vivimos a velocidades distintas. Algunas personas se sienten perfectamente cómodas pasando todo el día rodeadas de gente, hablando sin parar, discutiendo continuamente sobre cualquier cosa y haciendo bromas a cada momento. Y por la noche todavía quieren ir a un bar, a una discoteca o simplemente salir a «tomar el aire». Otras, en cambio, después de un par de horas de conversación, solo desean silencio, soledad y que por fin todo el mundo se olvide de ellas y las deje en paz. En algún momento, cualquiera de nosotros puede empezar a reprochar a quien funciona de otra manera que sea de algún modo «anormal». En situaciones así suelen venir a la mente las palabras «introvertido» y «extrovertido». Este artículo no trata de qué personas son mejores o peores. Tampoco de cómo rehacernos para adaptarnos a quienes nos rodean o encajar en un grupo. Trata de por qué nos sentimos mejor en unas circunstancias y peor en otras...
El perfeccionismo rara vez se percibe como un problema. Más bien al contrario: muchas personas lo consideran una cualidad digna de respeto. Al fin y al cabo, si alguien intenta hacerlo todo muy bien, se preocupa mucho por los resultados de su trabajo y busca mejorarlos constantemente, ¿qué se le puede reprochar? Pero con el tiempo empiezan a aparecer situaciones extrañas. Nos esforzamos al máximo, no somos perezosos, intentamos ser perfectos en todo, pero cada vez aparecen más cansancio y apatía, y desaparecen el placer y la alegría por los resultados alcanzados. Poco a poco, la vida se convierte en una sucesión de tareas sin terminar y pasos aplazados. Aquí hablaremos de esas trampas menos evidentes del perfeccionismo que dificultan avanzar...
La mayoría de las personas, cuando buscan trabajo, rellenan su currículum como si simplemente marcaran casillas en un cuestionario básico: dónde estudiaron, dónde trabajaron, qué saben hacer. El resultado es una tabla seca con toda la información necesaria: formación, experiencia e incluso expresiones de moda como «resistencia al estrés» u «orientación a resultados». Pero cuando un empleador mira un currículum así, no ve a una persona, sino un informe sobre el trabajo realizado. La paradoja es que incluso las decisiones más racionales en la selección de personal siguen apoyándose en la psicología. Un currículum psicológicamente sólido no es solo una lista de hechos, sino una pequeña historia sobre quién eres y hacia dónde vas. Porque si tú mismo no entiendes qué es lo que te impulsa, el empleador tampoco lo percibirá, y tu currículum simplemente se perderá entre los demás...
La conciencia es algo de lo que hablamos con frecuencia, pero rara vez nos detenemos a pensar qué hay exactamente detrás de este concepto. Vivimos, sentimos, elegimos, tomamos decisiones, repasamos el pasado en nuestra mente y hacemos planes para el futuro. Todo esto nos resulta tan natural y familiar como respirar. Pero basta con preguntarse qué es realmente la conciencia para que aparezca una especie de niebla: sabemos que está ahí, pero no podemos tocarla. Durante mucho tiempo, las personas consideraron que la conciencia era un privilegio exclusivamente humano. Que solo nosotros podíamos reflexionar, mantener diálogos internos, construir abstracciones y contar historias. Que solo el ser humano era capaz de autorreflexión — de ese particular «entiendo que entiendo». Esta postura fue dominante durante mucho tiempo. Nos acostumbramos a considerar la conciencia como el nivel más alto de la mente, accesible únicamente al ser humano. Pero quizá no sea una cima, sino una escalera en la que los animales ocupan distintos peldaños...
Dormir parece un fenómeno de lo más trivial. Cerramos los ojos — y de algún modo desaparecemos por unas horas. Por la mañana despertamos y volvemos a la rutina. Pero a veces ocurre de otra manera: estamos agotados, cerramos los ojos, esperamos con impaciencia que llegue el sueño — y no llega. O llega, pero es inquieto y fragmentado, como si el cerebro siguiera tenso y no pudiera calmarse. Solemos pensar que dormir significa descansar, pero en realidad todo es mucho más complejo. No es un interruptor, sino un proceso de recuperación en el que participan el cuerpo, el cerebro y la mente. La psicología lleva mucho tiempo estudiando este fenómeno. ¿Por qué no podemos dormir? ¿Por qué despertamos cansados, como si no hubiéramos descansado? ¿Por qué a veces el sueño llega con facilidad y otras veces se escapa, sobre todo cuando más lo esperamos? En este artículo intentaremos entender qué es el sueño desde el punto de vista de la psicología y qué puede salir mal...
La palabra «éxito» está hoy por todas partes. Lo prometen los coaches de negocios, lo comentan los amigos y las redes sociales están llenas de él. Para muchas personas, parece casi una obligación, como tener pasaporte o un buen trabajo. El éxito es algo que todos debemos perseguir y conseguir. Pero basta con intentar definir qué entiende realmente cada persona por éxito para descubrir que las respuestas son completamente distintas. Para algunos, significa tener un buen cargo y unos ingresos elevados. Para otros, poder hacer lo que les gusta sin estar pendientes de las limitaciones existentes ni de las expectativas ajenas. Y hay quien se considera una persona exitosa simplemente porque ha encontrado un equilibrio emocional y vive en su propio mundo, en su propia historia. Los problemas empiezan cuando las definiciones ajenas comienzan a aplastar nuestra propia forma de sentir la vida. Empezamos a ajustarnos a moldes que no son nuestros y luego nos preguntamos por qué de repente el mundo se vuelve demasiado estrecho y ya no parece haber ningún lugar al que escapar de nosotros mismos...
El sentido del humor es algo que nos distingue no solo de los animales, sino a veces también de nuestros vecinos. Aunque, si observamos con más atención, la cosa no es tan sencilla. Los cuervos parecen gastarse bromas escondiendo comida o intentando picotear la cola de un gato; los loros repiten a propósito palabras equivocadas para irritar a sus dueños; los caballos juegan de una forma que parece casi una broma; y los monos pueden robar un sombrero y montar todo un espectáculo. Pero en los seres humanos todo esto llega mucho más lejos: no nos reímos solo de algo, sino también por algo. El humor es una de las herramientas psicológicas más curiosas que tenemos. Nos ayuda a liberar la tensión interna, reconciliarnos con la realidad y recuperar la sensación de control sobre una situación. Una broma puede hacer a veces lo que no consiguen los medicamentos: reducir la ansiedad, unir a las personas y ayudarnos a calmarnos. Las personas con sentido del humor suelen ser más resistentes al estrés, más tranquilas y, curiosamente, también más sabias. Así que el sentido del humor no es simplemente un regalo del destino, sino una poderosa herramienta de supervivencia...