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    Othering o la exclusión de «los otros»

    Othering (del inglés other — «otro») es el proceso psicológico o social mediante el cual se separa y contrapone a «nosotros» y «ellos». Ocurre cuando una persona o un grupo se percibe como extraño, diferente, anormal o «ajeno» y, como consecuencia, como menos importante, desigual o incluso peligroso.

    En ruso todavía no existe una traducción única y ampliamente aceptada del término othering, pero suelen utilizarse las siguientes opciones:

    1. Estigmatización — destaca la atribución de etiquetas negativas.
    2. Imagen del enemigo — cuando se habla de política o conflicto.
    3. Proceso de alienación — pone el acento en la separación social.
    4. Identificación del «otro» — la opción más cercana a una traducción literal.
    5. Exclusión de «los ajenos» — una variante empleada en contextos sociales y etnoculturales.
    6. Drugovanie (neologismo) — un término ruso que aparece ocasionalmente en círculos académicos y blogs como intento de crear un equivalente preciso de la palabra inglesa.

    El othering suele ir acompañado de:

    • Estereotipos, cuando se atribuyen a un grupo rasgos negativos generalizados, por ejemplo «son perezosos» o «son agresivos».
    • Culpabilización, cuando la explicación se reduce a «todo es culpa de ellos».
    • Aislamiento o alienación respecto al grupo principal.
    • Disminución de la empatía hacia «los otros».

    Por ejemplo, durante crisis, catástrofes o conflictos suele aparecer el deseo de encontrar «culpables», y estos no son «nosotros», sino algún «ellos»: inmigrantes, otro partido político, vecinos, minorías religiosas, etc. También es importante entender que el othering puede producirse tanto a nivel individual como colectivo.

    El mecanismo de «nosotros contra ellos»

    El othering empieza con una oposición sencilla: «nosotros somos normales, ellos son extraños». En la vida cotidiana puede pasar casi desapercibido: solemos confiar más en «los nuestros» y desconfiamos de forma automática al encontrarnos con «los ajenos». Es decir, se trata de una tendencia cognitiva natural por la que una persona divide el mundo en dos grupos:

    • «Nosotros» — nuestro grupo, seguro, comprensible, «normal».
    • «Ellos» — los ajenos, desconocidos, potencialmente peligrosos.

    Dos grupos de personas en lados opuestosEn las tribus prehistóricas, los desconocidos podían representar una amenaza real: podían portar enfermedades, competir por los recursos o atacar. Por eso distinguir con rapidez entre «los nuestros» y «los ajenos» se convirtió en un mecanismo de supervivencia. El cerebro primitivo reaccionaba según una regla simple: «desconocido → puede ser peligroso». Esta división ayuda a tomar decisiones rápidas sobre quién puede ser un aliado y quién una amenaza. Pero ese mismo mecanismo también puede estar en la base de prejuicios, discriminación y conflictos.

    ¿Cómo funciona? La información sobre personas y situaciones se procesa rápidamente y muchas veces de forma inconsciente, por ejemplo a través de la apariencia, el habla, el olor o la conducta. Todo esto está relacionado con la necesidad de afiliación, el deseo de pertenecer a un grupo. Al mismo tiempo, «el ajeno» puede desencadenar una respuesta biológica de estrés o rechazo (estrés, tensión). 

    La historia de la humanidad es, en gran medida, una historia de violencia y guerras. Desde la antigüedad, las tribus luchaban entre sí: «los nuestros» eran considerados personas y «los ajenos», bárbaros. Entre los antiguos griegos, la palabra «βάρβαρος» (bárbaro) se aplicaba a quienes no hablaban griego, es decir, a quienes «no eran como nosotros».

    En la Edad Media, la Europa cristiana veía a menudo a musulmanes, judíos y paganos como «impuros» y «ajenos». La Inquisición y las Cruzadas también se alimentaron de ideas de lucha contra «los otros».

    En la Edad Moderna, el colonialismo se apoyó en parte en la oposición entre el «Occidente civilizado» y los «salvajes». La esclavización y el sometimiento de pueblos colonizados se justificaron mediante divisiones entre «personas» y «casi personas».

    El siglo XX aportó sus propias formas de este mecanismo. La Alemania nazi construyó una política genocida sobre ideas de «pureza aria» y lucha contra quienes eran definidos como «racialmente ajenos». En la Unión Soviética, la categoría de «enemigos del pueblo» se utilizó para marcar a «los ajenos» dentro del país. 

    Hoy, el mecanismo de «nosotros contra ellos» puede aparecer en la política (izquierda/derecha), conflictos nacionales y migratorios (migrantes/locales), guerras informativas (mi verdad/las noticias falsas del otro), Internet (debates tóxicos, cancel culture) e incluso el deporte, por ejemplo en grupos de aficionados (nuestro equipo/el rival).

    ¿Por qué es importante ser conscientes de esto? Porque en las sociedades modernas este mecanismo antiguo a menudo dificulta el diálogo, la integración y la comprensión mutua. Crea oposiciones falsas y imágenes simplificadas pero distorsionadas del mundo. Al reconocerlo en nosotros mismos, tenemos la oportunidad de:

    • ampliar los límites de nuestra empatía,
    • iniciar un diálogo con «los otros»,
    • reforzar nuestra sensación de seguridad interna y externa.

    El othering como defensa frente a la ansiedad

    Cuando se producen crisis — económicas, políticas o personales — aumenta la ansiedad. Resulta más fácil explicar lo que ocurre encontrando un «culpable» externo. Cuando una persona tiene miedo, está desorientada o sufre, la mente busca explicaciones rápidas y salidas sencillas. El othering puede convertirse en una de esas reacciones: proyectamos hacia fuera nuestra ansiedad interna y encontramos «culpables» que supuestamente la provocan. Así nacen relatos cómodos: «Todo es culpa de los migrantes», «Estas personas están destruyendo nuestras tradiciones».

    La ansiedad es una señal de incertidumbre, peligro o pérdida de control. Puede ser racional (un temor real por la salud, las finanzas, etc.) o irracional (una sensación de incertidumbre sin una causa clara). Si la ansiedad no encuentra una salida o una explicación, puede seguir acumulándose internamente. Entonces la mente recurre a mecanismos de defensa, formas psicológicas de afrontar la tensión. Uno de ellos puede ser la proyección + alienación: «Yo no tengo la culpa. Ellos tienen la culpa. Ellos me asustan. Ellos no me dejan vivir».

    El othering como defensa frente a la ansiedad

    ¿Cómo funciona este mecanismo? La ansiedad surge del estrés, la inestabilidad social y la incertidumbre. Se acumulan sentimientos de impotencia, culpa, miedo o vergüenza. La mente busca una forma de «limpiarse» y traslada esas emociones a un grupo externo. Se forma la idea: «si no fuera por ellos, todo iría bien». Esto crea una ilusión de control y claridad: parece existir una causa concreta de los problemas que supuestamente puede eliminarse.

    ¿Por qué puede parecer útil, aunque solo sea de forma temporal? Reduce la tensión interna. La persona puede sentirse víctima de fuerzas externas en lugar de enfrentarse a sus propias decisiones. Crea una sensación de orden. El mundo vuelve a parecer comprensible: «nosotros somos buenos, ellos son malos». Además, une a «los nuestros». Frente a un «enemigo» común resulta más fácil sentir unidad.

    Pero todo esto es una ilusión de seguridad que puede conducir a nuevos conflictos.

    Ejemplos de la vida cotidiana

    1. En casa:

    Una madre dice: «Mi hijo saca malas notas porque el profesor le tiene manía». Puede resultar más fácil que reconocer que el hijo no estudia o que la propia madre está sobrecargada.

    2. En la sociedad:

    Durante la pandemia aparecieron relatos como: «todo es culpa de los turistas», «de ciertas nacionalidades» o «de las autoridades».

    3. En la política:

    Los dirigentes políticos pueden utilizar la ansiedad de la ciudadanía y dirigirla hacia quienes se presentan como «culpables»: migrantes, oposición, Occidente, Oriente, según la situación.

    Todo esto puede ser muy peligroso porque:

    • Mantiene una falsa sensación de control sin resolver los problemas reales.
    • Intensifica el odio, la hostilidad y la segregación.
    • Destruye el diálogo, porque «los otros» dejan de percibirse como iguales.
    • Cierra el camino hacia la responsabilidad personal y un desarrollo maduro.

    Deshumanización: cuando los «otros» dejan de ser vistos como personas

    La deshumanización es un proceso por el cual una persona o un grupo deja de percibirse como individuos plenamente humanos. En su lugar, se reducen a imágenes, etiquetas y símbolos de amenaza. No se trata simplemente de una actitud negativa, sino de dejar de percibir la humanidad del otro.

    Deshumanización: cuando los otros dejan de ser vistos como personasEsto puede ocurrir de muchas maneras. Por ejemplo, mediante estereotipos, cuando se atribuyen a las personas características generalizadas como «agresivos», «sucios», «estúpidos» o «una amenaza para la sociedad». También puede ocurrir mediante el lenguaje, cuando en lugar de una persona se utiliza una categoría: insultos étnicos o políticos, «viejas», «burócratas», «la masa», «ellos». Esta simplificación crea distancia. También puede producirse mediante la repetición: si una misma imagen negativa se impone una y otra vez en los medios, las conversaciones o los memes, deja de percibirse como una distorsión y comienza a parecer normal. Otra forma de deshumanización es la comparación con lo no humano, cuando se llama a las personas «virus», «insectos», «parásitos», «infectados» o «zombis»; este lenguaje puede reducir la empatía. Al fin y al cabo, no solemos sentir mucha compasión por una cucaracha.

    La deshumanización no es solo una amenaza teórica: puede convertirse en un camino real hacia la violencia. En genocidios del siglo XX (Ruanda, el Holocausto, Camboya), las víctimas fueron descritas repetidamente como «ratas», «cucarachas» o «infección». Este lenguaje pudo facilitar la justificación psicológica del asesinato masivo. En la guerra, el enemigo puede describirse no como un soldado, sino como un «objetivo», un «objeto» o un «terminal». Esto puede funcionar como una forma de distanciamiento psicológico y, al mismo tiempo, facilitar la destrucción. En la vida cotidiana, la deshumanización puede estar en la base del acoso, la discriminación, la violencia policial y la segregación.

    Aun así, podemos intentar reconocer y controlar estas tendencias en nosotros mismos, en particular mediante un trabajo consciente sobre nuestra percepción:

    • Presta atención al lenguaje que utilizas y escuchas: ¿en qué momento desaparece la «persona»?
    • Pregúntate: si fuera alguien cercano a mí, ¿hablaría o pensaría de la misma manera?
    • Practica la empatía. No hace falta compartir la experiencia de otra persona para intentar comprenderla.
    • Recuerda que detrás de cada «otro» hay una historia, sentimientos, miedos y vulnerabilidades, igual que en ti.

    La deshumanización no suele producirse de golpe. Puede acumularse poco a poco: desde una broma aparentemente inocente hasta la violencia. Pero el camino suele seguir el mismo patrón: de «él/ella» — a «eso» — a «nada».

    El othering en el lenguaje y los medios

    El lenguaje no es solo un medio de comunicación. También moldea la percepción. Cuando se fijan en el lenguaje imágenes de «los otros» como peligrosos, inferiores o «no del todo reales», pasan a formar parte de nuestra manera de pensar. A través de los medios, ese lenguaje puede difundirse y amplificarse.

    El othering en el lenguaje y los mediosHoy pueden encontrarse muchos ejemplos de este tipo:

    1. Mediante etiquetas estigmatizantes

    • «Ellos» → no «personas», sino «turba», «invasores», «amenaza».
    • Formulaciones típicas:
      — «Estas personas no quieren trabajar»
      — «Otra vez lo han destruido todo»
      — «No necesitamos esto»
      — «Nosotros no somos como ellos»

    2. Mediante una dicotomía simplificada

    El mundo se divide entre «bien» y «mal», «los nuestros» y «los ajenos». Los medios pueden presentar la información con fórmulas como:

    • «Ciudadanos decentes frente a una minoría agresiva»
    • «Nos defendemos de ellos»
    • «Nuestra cultura está en peligro»

    3. Mediante desencadenantes emocionales

    Se utilizan palabras que provocan miedo, asco o agresividad.
    Ejemplos:

    • En lugar de «refugiados» — «avalancha de migrantes»
    • En lugar de «manifestantes» — «alborotadores», «turba»

    4. Mediante la selección de imágenes

    • Fotografías en las que los miembros de un grupo parecen agresivos, descuidados o amenazantes.
    • Imágenes sin rostros para despersonalizar, por ejemplo solo manos, capuchas o siluetas.

    5. Mediante la omisión o una presentación unilateral

    • Las voces de «los otros» no están representadas.
    • Falta el contexto.
    • Solo se muestran ejemplos extremos y negativos.

    Todo esto puede ser muy peligroso porque forma prejuicios colectivos, mientras que la repetición constante de estereotipos puede hacer que parezcan «evidentes» para muchas personas. Además, puede alimentar la agresividad; en condiciones de ansiedad y estrés, una sociedad puede movilizarse con mayor facilidad contra alguien presentado como «enemigo». También puede resultar mucho más fácil justificar la violencia y la discriminación si «ellos» son vistos como menos humanos y, por tanto, supuestamente merecedores de un trato diferente. El diálogo también se destruye cuando la comprensión se sustituye por gritos y la discusión por confrontación.

    Para hacer frente a este fenómeno se necesitan pensamiento crítico y un consumo consciente de la información. A nivel personal se puede:

    • Desarrollar la alfabetización mediática. Aprender a reconocer la manipulación emocional, las etiquetas y las presentaciones unilaterales.
    • Comprobar los hechos. Utilizar fuentes diversas, incluidas aquellas que representan puntos de vista diferentes.
    • Hacerse preguntas:
      — ¿Quién habla?
      — ¿Qué voces no están representadas?
      — ¿Por qué me muestran esto precisamente de esta manera?
    • Apoyar medios independientes y responsables.

    A nivel social es importante promover un lenguaje respetuoso en el discurso público, oponerse al discurso de odio y enseñar a los niños a reconocer la manipulación y respetar a «los otros» como iguales.

    Los medios y el lenguaje moldean la realidad. La manera en que hablamos de otras personas influye en si las vemos como seres humanos o como amenazas. Es posible resistirse al othering, pero solo si dejamos de ser consumidores pasivos y empezamos a leer de forma consciente.

    Cómo detener el othering dentro de uno mismo

    Cómo detener el othering dentro de uno mismoEl othering no empieza en los demás. Empieza en nosotros. En cómo miramos, cómo hablamos y cómo dividimos el mundo entre «los cercanos» y «los ajenos». Por eso detenerlo significa hacer un trabajo interior. Y no es nada sencillo:

    1. Porque el mecanismo es automático.
      El cerebro busca por sí mismo diferencias, etiquetas y patrones. Clasificar, dividir y anticipar posibles amenazas forma parte de nuestra manera de procesar la información.
    2. Porque la sociedad lo refuerza.
      El lenguaje, los medios, las bromas y la pertenencia al grupo pueden empujarnos a la división: «nosotros» somos buenos, «ellos» no tanto.
    3. Porque es más fácil.
      Es más fácil no dudar. Es más fácil no investigar. Es más fácil poner una etiqueta y seguir adelante.

    Pero ¿se puede cambiar? Sí. Pero solo mediante la conciencia y la práctica regular. Estos son algunos pasos concretos:

    1. Observa tus reacciones automáticas

    Cuando pienses o digas algo como «son todos iguales», «típico de gente así», «no necesitamos personas como esas» — detente un momento. Pregúntate: ¿qué estoy haciendo ahora mismo?

    2. Separa a la persona de la imagen

    Cuando escuches o veas a alguien que te parece «ajeno» o «irritante», intenta preguntarte: quién es esa persona, qué ha vivido, de dónde pueden venir sus opiniones o su comportamiento. No se trata de justificarlo. Se trata de ampliar el contexto.

    3. Busca contacto personal

    Conoce a personas diferentes de ti. Habla con ellas sin proponerte discutir ni convencerlas. Escucha no para responder, sino para entender. Una sola conversación real puede desmontar decenas de estereotipos.

    4. Observa tu lenguaje

    Sustituye en las conversaciones «esa gente» → «algunas personas», «todos ellos» → «algunos de ellos», «los ajenos» → «los otros», «problema» → «situación». El lenguaje es un hábito, y los hábitos pueden cambiarse.

    5. Reconoce la complejidad del mundo

    El mundo no se divide en blanco y negro. Tampoco tú tienes una sola identidad. Puedes ser hijo, ciudadano, vecino, profesional, peatón, cliente o espectador. Los demás también tienen muchas funciones, historias, miedos y esperanzas.

    6. No intentes ser un «santo»

    Todos tendemos a clasificar y dividir. No se trata de culpa, sino de responsabilidad. Lo importante no es «no equivocarse nunca», sino darse cuenta de cuándo tomas un camino demasiado simplificado y volver.

    En resumen: ¿qué puedes hacer ahora mismo?

    • Empieza a escuchar de verdad.
    • Sustituye las etiquetas por preguntas.
    • Evita las generalizaciones absolutas.
    • Observa el miedo y la vergüenza: el othering puede crecer a su alrededor.
    • Habla con respeto con personas con las que no estás de acuerdo.

    Detener el othering dentro de uno mismo no es un acto puntual. Es un camino largo y difícil. Pero a lo largo de ese camino puedes conocer mejor no solo el mundo diverso y complejo que te rodea, sino también a ti mismo.

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