La inteligencia artificial está cada vez más presente en nuestra vida y, con ella, aparecen conversaciones sobre una nueva ola de ansiedad. Tememos perder el trabajo, nos preocupa la seguridad de nuestros datos personales, nos inquieta no poder adaptarnos a las nuevas tecnologías y nos preguntamos hasta dónde puede llegar realmente el desarrollo de la IA.
Todas estas preocupaciones suelen agruparse bajo una misma expresión: «ansiedad ante la inteligencia artificial». Sin embargo, un nuevo estudio muestra que detrás de ella hay distintos tipos de inquietudes que pueden aparecer de forma independiente.
Investigadores de las universidades de Pisa y Bergen desarrollaron una escala específica llamada AISAS, diseñada para medir el estrés y la ansiedad relacionados con la IA. El trabajo constó de dos estudios prerregistrados realizados con adultos del Reino Unido. Las muestras se formaron teniendo en cuenta la edad, el sexo y el origen étnico de la población del país.
En el primer estudio participaron 301 personas. Sus respuestas permitieron distinguir cuatro tipos principales de preocupaciones:
- temores relacionados con el trabajo y la posible pérdida de relevancia profesional;
- estrés por la necesidad de aprender a utilizar la IA y adaptarse a nuevas tecnologías;
- ansiedad por la privacidad y el uso de datos personales;
- cuestiones existenciales, incluida la posible aparición de conciencia en la inteligencia artificial.
Un segundo estudio con 324 participantes confirmó que esta división también se mantenía en otra muestra.
Estos resultados permiten ver una diferencia importante. Podemos utilizar herramientas de inteligencia artificial con tranquilidad y no tener dificultades para aprender a manejarlas, pero al mismo tiempo preocuparnos seriamente por los datos que recopilan. O puede ocurrir lo contrario: no sentir demasiada inquietud por la privacidad, pero percibir una amenaza para nuestra profesión. Por eso, una pregunta general como «¿te da miedo la inteligencia artificial?» simplifica demasiado nuestras posibles reacciones.
Las preocupaciones más frecuentes entre los participantes estaban relacionadas con la privacidad. En cambio, el estrés por tener que aprender y adaptarse a la IA fue relativamente poco común. Esto no coincide del todo con la imagen de una sociedad ampliamente asustada por el rápido desarrollo de las nuevas tecnologías.
Pero sería incorrecto interpretar el estudio como prueba de una nueva «epidemia de ansiedad». El objetivo principal de los autores era crear y validar de forma preliminar un instrumento de medición, no determinar cuántas personas sufren problemas psicológicos a causa de la IA. El estudio tampoco demuestra que la propia inteligencia artificial haya causado las preocupaciones observadas.
La nueva escala también tiene limitaciones. El componente relacionado con el estrés de adaptación a la IA consta de solo dos ítems y todavía no puede considerarse una subescala plenamente desarrollada. Además, ambas validaciones se realizaron únicamente en el Reino Unido. No se sabe si la estructura de las preocupaciones sería la misma en países con otras actitudes hacia la tecnología, distintos mercados laborales y diferentes normas de protección de datos.
La escala desarrollada no está destinada al diagnóstico. Pero puede ayudar a futuras investigaciones a hablar con mayor precisión sobre nuestra relación con la inteligencia artificial. En lugar de una vaga y alarmante «ansiedad ante la IA», podemos empezar a distinguir qué es exactamente lo que nos preocupa: perder el trabajo, perder el control sobre la información personal, tener que formarnos continuamente o un futuro en el que la frontera entre lo humano y lo artificial sea cada vez menos clara.
Fuente: Enrico Cipriani, Hanna Joy Justesen, Danilo Menicucci & Simone Grassini. “The AI stress and anxiety scale (AISAS): development, initial validation and insight on the diffusion of AI-related stress and anxiety”, Scientific Reports, 2026
